El sueño de todos los seguidores del Barcelona finalmente se cumplió y Xavi Hernández es ya oficialmente el nuevo Director Técnico del equipo azulgrana. 
Todos los detalles que faltaban para sellar el ansiado acuerdo se solucionaron ya de una forma o de otra y el próximo lunes el fino exmediocampista del equipo culé será presentado en su nuevo cargo bajo un entorno lleno de emotividad y de gran expectación, con una enorme esperanza de que el canterano de la Masía pueda ser quien le devuelva la grandeza al equipo catalán.
Sin embargo habrá que ser muy justos y muy claros al momento de fijar objetivos y metas a corto, mediano y largo plazo siendo parte o no del club o simplemente como meros espectadores.
Y es que cualquiera de nosotros  podemos caer en el error de suponer que todos los males que aquejan al equipo que dirigía Ronald Koeman van a desaparecer de la noche a la mañana y que a partir del próximo partido el Barcelona será un equipo arrollador y atractivo. Esa seguramente es la idea pero todo cambio necesita un proceso y ese apenas va a comenzar.
Quien este esperando ver a un Barça como aquel en el que jugaban y brillaban Messi, Iniesta y va el propio Xavi, seguramente se llevará un chasco o una decepción porque ellos ya no están desde hace mucho tiempo y los que hoy visten la playera azulgrana tienen otras características y mucho menos talento y ni siquiera Xavi podrá hacer que jueguen como él lo hacía e incluso sería un grave error intentarlo. 
En Qatar, con el Al Sadd, su primer club profesional, Xavi logró imbuir su mentalidad competitiva y ganadora, buscó hacer jugar a ese equipo con los conceptos de juego que a él lo hicieron brillar y a su nivel, en su medio ambiente logró muchas cosas positivas, pero nunca jugar igual que aquel Barcelona. Eso es imposible y lo será a partir del lunes porque éste es otro Barcelona y lo normal sería ver a un equipo que mejore claro, pero que también siga necesitando otros nombres y otras costumbres.
Este plantel actual no es malo pero quizá no es lo que necesita Xavi que ya tendrá tiempo de armar su propio grupo de futbolistas buscando material primero en la cantera y después afuera para complementarlo. 
La presión que pudo haber sentido o experimentado Xavi en Qatar no será ni remotamente parecida a la que sufrirá todos los días en Barcelona. La urgencia por ganar, gustar y convencer será el tema de todos los días. Nadie cree que Xavi pueda fallar. No le será permitido equivocarse y ese será su gran reto. Hay tanta fé en su capacidad que el golpe si ocurre un fracaso será doblemente doloroso. Pero esa es la vida de las grandes estrellas y Xavi lo fue como jugador. Ahora le falta demostrarlo como estratega del Barcelona. 

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