El duelo de octavos de final entre Atlético Mineiro y Boca Juniors terminó de la peor manera posible, con gritos, agresiones y todo un escándalo tras la eliminación del club argentino en el Estadio Mineirao de Belo Horizonte.
Exaltados desde que el VAR les anuló el tanto que pudo darles el triunfo en el tiempo regular que terminó 0-0 tanto en la ida como en la vuelta, todos los integrantes del equipo Xeneize llegaron acelerados a la tanda de penales para el desempate y cayeron por 3-1, lo que aumentó la frustración del equipo visitante que necesitó sólo una chispa para encenderse como una hoguera incontrolable.
El precipitado intento de la gente de Boca de ingresar a los pasillos que llevan a los vestidores, un primer enfrentamiento con el poco sensible grupo de vigilantes y una supuesta provocación del Presidente del equipo brasileño en dicha área  prendió la mecha. Nada tenía que hacer ahí el dirigente Sergio Coelho y menos dirigirle alguna palabra a los argentinos que también en una mala actitud empezaron a agredir a diestra y siniestra enfrentándose con la policia que tampoco actuó correctamente al responder y lanzar gases lacrimógenos en lugar de mantener la calma y la cordura.
Lo único seguro después de todo esto es que habrá sanciones y multas al por mayor, deportivas y quizá hasta civiles ya que al sentirse afectados los cuerpos de seguridad intentaron por la fuerza llevarse a alguien en status de detenido, lo que aumentó la indignación de un equipo que ciertamente fue perjudicado por el arbitraje en la cancha, pero que terminará aún más afectado por su pasión desbordada muy cercana a la locura. 

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