Por Karina Elián Salinas

Pablo Picasso decía que: “El arte es la mentira, para ayudarnos a ver la verdad”

Entonces, ¿qué sentiríamos al observar un lienzo donde un anciano tiene entre sus brazos una guitarra? 

Será que dicho hombre está feliz al escuchar su instrumento, o está lleno de nostalgia al sentir las cuerdas tan cercanas al no poder tocar más.

¿Y si esta imagen se encuentra en un tono azulado, la melancolía será más palpable o simplemente se trata de un juego de colores?

Obviamente la mejor respuesta sería la del pintor español, al decirnos que fue lo inspiró su obra  “El viejo guitarrista”. Sabemos que muchas de las piezas del artista contaban con ese toque especial que representó a las notas. Por supuesto como olvidar una obra como “Los tres músicos”.

Pero en esta ocasión nos toca averiguar cuál fue la conexión del genio malagueño con el jazz.

Según la historia, todo se debe a un partido de ping pong donde la coincidencia llevó a Picasso a conocer al empresario Norman Granz, nombre que seguramente nos hace eco, pues fue el creador de sellos como Verve y Clef.

El paso definitivo del español al mercado de la música, fue al ser invitado por el propio Granz a diseñar el logotipo de su nueva discográfica, efectivamente hablamos de “Pablo Records”. 

A partir de 1973 este sello construiría rápidamente un catálogo de voces de auge internacional, como Joe Pass, Oscar Peterson, Count Basie, Art Tatum, Sarah Vaughan, y muchos más.

A pesar de ello, la discográfica perdería fuerza, pasando a manos del gigante “Fantasy Records”, a finales de los 80s. Además del desafío visual que conocemos de Picasso en cada obra, ahora también sabemos que puso un importante paréntesis a su cubismo para introducirse al desafiante mundo de la sincopa. 

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