• enero 29, 2020
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Por Karina Elián Salinas

Además de recordarnos la fecha en la que hoy nos encontramos, el número “29”, también nos remonta a un hecho de suma relevancia: la llamada “Depresión del 29”, la cual además de todos los estragos que dejó a su paso en diferentes ámbitos, también obtuvo impacto en la música.

Prueba de ello, fue la reunión de músicos (entre ellos el pianista “Fats Waller”), para la grabación de un concierto en vivo. La relevancia de esta presentación era que por primera vez se agruparían músicos de razas mixtas, pero desgraciadamente debido al racismo, Waller fue obligado a tocar detrás de una pantalla para separarlo de los músicos blancos.

Los problemas que acompañaron a estos infortunados eventos, (como el poco ingreso del músico), lo llevaron a probar suerte emigrando a París en compañía de su amigo el compositor “Spencer Williams”, pero sin obtener mayor éxito se vio en la necesidad de pedir dinero prestado para pagar su regreso a la ciudad de Nueva York.

De vuelta a La Gran Manzana, las cosas cambiaron casi mágicamente, ya que le ofrecieron una serie de programas de radio con cobertura nacional para la emisora WLW bajo el título “Fats Waller’s Rhythm Club”.

Aquello se convertiría en el comienzo de un afortunado periodo, pues con este proyecto se abrió paso para editar diversos álbumes y presentaciones bajo el nombre de “Fats Waller and his Rhythm”, entre 1934 y 1943 grabó más de cuatrocientos temas.

Todo este éxito lo condujo hasta Hollywood donde participó en películas como “Stormy Weather”, un musical interpretado sólo por músicos negros producido por la 20Th Century Fox y donde además participaron “Benny Carter”, “Slam Stewart” y “Zutty Zingleton”.

Después de obtener fama y fortuna, con tan sólo 39 años de edad, el artista desafortunadamente falleció tras un penoso viaje en tren al que se le estropeó la calefacción, provocándole una pulmonía que acabó con su vida mientras dormía.

La herencia musical de “Fast Waller”, además de ser reconocida  por ser uno de los pioneros en introducir el órgano dentro del jazz, también se caracterizó por la peculiar mímica sarcástica con la que actuaba y por la cual en ocasiones era criticado.

Esa modalidad cómica y hasta a veces bufonesca, nunca dejó de mostrar que detrás de esa “alma de clown”, había un artista extraordinario quien cómo muchos otros intérpretes, a finales de los años veinte, logró confrontar diversos sucesos de la historia para dar un giro a su carrera musical.

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