Raúl Jiménez levantó ambas manos hacia el cielo apenas el balón cruzó la línea de gol. No fue una celebración cualquiera. Después de años de espera, de lesiones, obstáculos y tres Copas del Mundo, el delantero mexicano por fin había marcado en una justa mundialista. Su primer pensamiento fue para su padre.
Tres meses atrás, Raúl Jiménez Vega falleció dejando una conversación pendiente convertida en promesa. Durante la Copa Oro de 2025, en la que México se coronó campeón, había expresado un deseo sencillo pero especial: ver a su hijo anotar en una Copa del Mundo.
“Nos falta un gol en la Copa del Mundo, nada más nos falta eso”, decía entonces.
El destino parecía empeñado en retrasar ese momento. Jiménez llegó a Brasil 2014 como una joven promesa, pero apenas tuvo participación. Cuatro años después, en Rusia 2018, quedó relegado por la competencia en la delantera mexicana. Para Qatar 2022, una pubalgia comprometió su condición física y limitó su presencia a apenas 116 minutos repartidos en tres encuentros.
Sin embargo, la historia de Raúl Jiménez siempre ha estado marcada por la resistencia. En 2020 sufrió una fractura de cráneo tras un choque con David Luiz en la Premier League, una lesión que puso en duda no solo su carrera, sino incluso su regreso a las canchas. Ante los pronósticos más pesimistas, el delantero se negó a aceptar un final anticipado.
“Sabía que iba a volver”, confesó tiempo después.
Volvió. Recuperó sensaciones en Inglaterra con el Fulham y terminó convirtiéndose en una de las piezas de confianza de Javier Aguirre rumbo al Mundial de 2026. Para el técnico mexicano no había debate: Jiménez era el delantero titular del Tricolor.
Ante Sudáfrica, en el partido inaugural de México, Jiménez apareció en el segundo tiempo para conectar un remate de cabeza que terminó en las redes. Después corrió hacia sus compañeros, señaló a su familia en las gradas y formó un corazón con las manos. Finalmente, miró al cielo.
El Estadio Ciudad de México, donde años atrás había comenzado a construir su carrera profesional, fue testigo de uno de los momentos más emotivos de su trayectoria. No solo era su primer gol en una Copa del Mundo. Era el cumplimiento de una promesa.
Raúl Jiménez esperó tres Mundiales para encontrar ese instante. Cuando llegó, ya sabía exactamente a quién dedicarlo.

