Una de las tantas ventajas del arte es el saber que no conoce de fronteras, pues la inspiración de sus exponentes surge de todos lados, incluso de los menos insospechados.

Afortunadamente para algunos de esos artistas el deporte es uno de esos ejes que trazan la directiva de sus trabajos, por ello en esta ocasión abundaremos sobre el talento del pintor catalán Jordi Aluma, conocido también como “El pintor del olimpismo”.

Aluma de 94 años es el artista que mundialmente ha consagrado más producción deportiva, singularmente al olimpismo, nació en 1924 en Barcelona. Es hijo y nieto de artistas, autodidacta de formación, comenzó sus estudios en 1937 junto al escultor Coscolla, y pronto se inició en la pintura como aprendiz en los talleres del Comisariado de Propaganda de la Generalidad de Cataluña. Será entonces cuando descubra la obra de Antoni Clavé, artista cuya obra influiría de manera sustancial en su trayectoria. Hasta el año 2001 realizó sus pinturas sobre madera, a partir de ese momento cambiará este material por el empleo del papel japonés.

PRIMERAS EXPOSICIONES

Su primera exposición se abrió al público en 1948 en la Sala Argos de la capital condal, a partir de este momento su trayectoria se consolida año tras año. 

En 1953 es propuesto para ser profesor de pintura y policromía de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, en 1958 expone en la Sala Parés. Esta muestra marcará un punto de inflexión en su carrera, abandonaría la temática que hasta entonces había presidido el grueso de su obra, la religiosa.

EL DEPORTE LLEGÓ A SU VIDA

En 1965 Alumà fue galardonado con el primer premio en la VI Bienal del Deporte en las Bellas Artes en Barcelona. Este fue su primer contacto con la temática que marcaría el resto de su trayectoria. La obra con la que obtuvo el premio fue Ciclistas. Gracias a este reconocimiento le encargaron ocho murales que decorarían la sede madrileña de la Delegación Nacional de Deportes, el título con el que bautizará esta y sucesivas series será Suite Olímpica. Los murales agrupaban a las distintas modalidades deportivas, entre las que destacó, deportes acuáticos, deportes de lucha, aquellos vinculados a la velocidad, etc.

Sus éxitos continuaron. En 1976 logró el Primer Premio de la Bienal Internacional del Arte en el Deporte con su obra Ecuestre (1977) y en 1980 el premio Internacional de Dibujo Ynglada-Guillot. Su trayectoria repleta de reconocimientos y galardones quedará estrechamente vinculada al mundo deportivo y a todos los eventos organizados en torno al mismo.

En 1984 elaboró su Segunda Suite Olímpica. Veinte obras que realizó por expreso encargo y en las que “evoca el vuelo de las gaviotas con la natación”, dicen los críticos expertos.