Billie Jean King levantó el brazo derecho en señal de victoria en el Shrine Auditorium de Los Ángeles, pero esta vez no sostenía un trofeo de Grand Slam. Vestida con su toga negra, unas gafas de color rosa encendido y zapatillas deportivas azules, la leyenda del tenis mundial celebró la culminación de una tarea que dejó pendiente hace más de seis décadas: su título universitario.

A sus 82 años, King se graduó formalmente como Licenciada en Historia por la Universidad Estatal de California, Los Ángeles (Cal State LA), demostrando que el aprendizaje no tiene fecha de caducidad.

La historia académica de Billie Jean comenzó en 1961, el mismo año en que ganó su primer título de dobles en Wimbledon. En aquella época, ser una atleta de élite no garantizaba el sustento económico si eras mujer. Mientras figuras masculinas contemporáneas como Arthur Ashe o Stan Smith estudiaban con becas completas en universidades rivales, King tenía que trabajar y costearse las clases.

Tres años después, decidió pausar las aulas para enfocarse por completo en el tenis profesional. Sin embargo, la espina de no haber terminado su carrera permaneció intacta, por lo que la ex número uno del mundo siempre corregía formalmente a quienes escribían en sus biografías que se había graduado: “No lo digan, todavía no me lo he ganado”, solía repetir.

Tras descubrir recientemente que solo le faltaba un año de créditos para terminar, regresó a los libros en la modalidad virtual, cursando materias de historia política LGBT, historiografía y género. Durante la ceremonia de graduación de la Clase de 2026, la icónica jugadora dedicó un emotivo discurso a los más de 6,000 estudiantes presentes, cerrando con un enérgico: “¡Sí se puede!”que hizo estallar el auditorio.

“Han pasado más de 60 años antes de regresar al aula… Tenía un asunto pendiente y para mí es importante terminar lo que empiezo. Es como estrechar la mano al otro lado de la red después de un partido”, declaró King.

LA TRAYECTORIA DE UNA LEYENDA, LOS NÚMEROS QUE CAMBIARON EL DEPORTE

Para entender la magnitud de la estudiante que caminó por el estrado, basta con mirar los números que forjó en las canchas de tenis durante los años en los que puso en pausa su carrera universitaria:

  • 39 Títulos de Grand Slam: 12 en individuales, 16 en dobles femeninos y 11 en dobles mixtos.
  • Reina de Wimbledon: Sumó 20 títulos totales en el césped de Londres, compartiendo el récord histórico absoluto.
  • La “Batalla de los Sexos” (1973) Derrotó al ex campeón mundial Bobby Riggs ante 90 millones de espectadores en televisión, validando el tenis femenino.
  • Salón de la Fama: Ingresó al International Tennis Hall of Fame en 1987 por sus méritos deportivos e impacto cultural.

EL CAMINO QUE ABRIÓ PARA LAS MUJERES EN EL TENIS

La raqueta multicolor y las siglas G.O.A.T. (Greatest of All Time / La mejor de todos los tiempos) bordadas en su estola de graduación no eran una exageración. La influencia de Billie Jean King transformó el tenis amateur en un ecosistema profesional equitativo.

En su discurso, King recordó la cruda realidad de 1961: “Ganar un título de dobles en Wimbledon hoy vale cerca de medio millón de dólares. En 1961, creo que ganamos un vale de regalo de 45 dólares para una tienda local”. Cansada de estas disparidades, lideró la creación de la WTA (Asociación de Tenis Femenino)en 1973, unificando el circuito de mujeres.

Inclusive gracias a su presión directa y a la amenaza de un boicot de jugadoras, el Abierto de Estados Unidos se convirtió en 1973 en el primer torneo de Grand Slam en ofrecer premios económicos idénticos a hombres y mujeres.

Sin dejar de mencionar el impulso a la Ley Title IX, siendo una defensora incansable de la legislación estadounidense de 1972 que prohibió la discriminación por motivos de sexo en cualquier programa educativo o deportivo financiado con fondos federales, cambiando el destino de millones de atletas universitarias.

Con el diploma en sus manos, Billie Jean King bajó del escenario y, fiel a su estilo, celebró lanzando pelotas de tenis autografiadas a la multitud de graduados. A sus 82 años, cerró su partido más largo, recordándole al mundo que nunca se es demasiado grande para aprender ni para cumplir los sueños pendientes.

Por Doc

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