vie. Ene 30th, 2026
    Vía: Ig @miseleccionmx

    México ha disputado 17 Copas del Mundo y, en casi un siglo de historia mundialista, solo seis futbolistas naturalizados han defendido la camiseta tricolor en el máximo escenario del futbol.

    El primero fue Jorge Romo, español de nacimiento, quien apareció en los años cincuenta. En esa misma década se sumó Carlos Blanco Castañón. Durante décadas, el tema de los naturalizados fue prácticamente inexistente dentro de la Selección Nacional.

    Con la llegada del siglo XXI, el panorama comenzó a cambiar. Gabriel Caballero fue convocado para Corea-Japón 2002; posteriormente, Antonio Naelson “Sinha” y Guillermo Franco formaron parte de los procesos rumbo a los Mundiales de 2006 y 2010. El caso más reciente es Rogelio Funes Mori, quien representó a México en Qatar 2022.

    Seis nombres.
    Seis casos puntuales.
    Seis decisiones que, en su momento, encendieron el debate.

    Sin embargo, el escenario rumbo a la Copa del Mundo de 2026, que México disputará como país anfitrión, plantea un giro significativo. La Selección podría convocar hasta cinco futbolistas naturalizados en un solo Mundial, una cifra que estaría muy cerca de igualar todo lo que se ha utilizado en 17 participaciones mundialistas.

    Entre los nombres que aparecen en el radar se encuentran Santiago Giménez, Obed Vargas, Julián Quiñones, Brian Gutiérrez y Richard Ledezma, todos con trayectorias formativas fuera del país o consolidados en contextos distintos al sistema tradicional del futbol mexicano.

    El dato es contundente: lo que tomó 17 Mundiales podría repetirse en uno solo.

    Mientras la Liga MX mantiene restricciones en el desarrollo de jóvenes, la exportación de talento sigue siendo limitada y los procesos formativos muestran señales de estancamiento, la Selección Nacional vuelve la mirada al extranjero como una solución inmediata.

    De cara a 2026, el debate ya no gira únicamente en torno a la identidad, sino al fondo del problema: si la convocatoria de naturalizados representa un refuerzo estratégico o una señal de que la formación nacional no fue suficiente para sostener el proyecto rumbo al Mundial en casa.

    El torneo se jugará en México.
    La discusión, en cambio, atraviesa fronteras y apunta directamente al futuro del futbol mexicano.

    Por GERARDO PADILLA HUITRON

    Periodista Depórtivo