jue. Ene 22nd, 2026

    Florentino Pérez es, sin discusión, el mejor presidente en la historia del Real Madrid. Los números lo sostienen y el Bernabéu lo sabe. Siete Champions League, 65 títulos entre fútbol y baloncesto, una salud económica envidiable, fichajes que marcaron época y un club convertido en referencia mundial dentro y fuera del campo. A eso se suma un estadio de vanguardia y una ciudad deportiva que muchos miran con admiración. El legado es inmenso. Pero en el Real Madrid el pasado no compra indulgencias eternas.

    El sábado, el Santiago Bernabéu habló. Y cuando el Bernabéu habla, conviene escuchar. La pitada a jugadores y directiva fue de esas que quedan grabadas en la memoria colectiva del madridismo. No fue un capricho ni una rabieta puntual: fue una protesta consciente, casi pedagógica, de una afición que se sabe parte esencial del club. Dos temporadas de deriva deportiva, sin títulos el curso pasado y con sensaciones preocupantes en el actual, terminaron por colmar la paciencia.

    La eliminación en Copa del Rey ante el Albacete fue la gota que derramó el vaso, agravada por la destitución de Xabi Alonso apenas siete meses después de su llegada. La grada se puso de su lado. No porque fuera intocable, sino porque muchos entendieron que nunca tuvo el respaldo necesario para desarrollar su proyecto. Se percibió una plantilla acomodada, protegida desde arriba, y una directiva ausente en momentos clave, como el episodio de Vinícius Júnior en el Clásico. Ecos incómodos de la primera era galáctica de Florentino, cuando el poder del vestuario terminó por erosionar el proyecto deportivo.

    El enfado también apunta al inmovilismo en el mercado. El equipo necesita refuerzos urgentes en posiciones fundamentales —la defensa central y el centro del campo— y, sin embargo, el club volvió a cerrar la puerta al mercado de invierno, como ya ocurrió en 2025. Para una afición acostumbrada a competir por todo, esa prudencia se percibe como desconexión con la realidad del césped.

    Y, sin embargo, la protesta nace del respeto. El Bernabéu exige porque cree. Valora a sus futbolistas y, sobre todo, a su presidente. Por eso recuerda a unos y a otro que el Real Madrid no admite medias tintas. Que aquí se gana o se corrige. Que aquí la historia pesa, pero el presente manda.

    Ahora, otra vez, es el turno de Florentino. Se vienen meses decisivos: la reforma estatutaria, que deberá convencer a los socios; las decisiones deportivas que marcarán el rumbo inmediato; las altas, las bajas y las renovaciones que devolverán al equipo al sitio que reclama su escudo.

    Y, por encima de todo, la apuesta real por un entrenador. Ver si Álvaro Arbeloa es el hombre al que hay que entregarle las llaves del proyecto o si el club necesita mirar más allá para encontrar al líder que devuelva al equipo la autoridad competitiva.

    Florentino ya demostró por qué es el mejor presidente de la historia del Real Madrid. Ahora, el madridismo le pide algo más difícil: demostrarlo otra vez.

    En los pasillos del futbol español se comenta, además, el contraste evidente con lo que sucede al otro lado de la rivalidad. El Barcelona de Hansi Flick avanza con paso firme, mostrando una identidad clara, intensidad sostenida y una regularidad que empieza a dar resultados.

    El técnico alemán ha logrado que su equipo compita cada partido con un ritmo alto y una disciplina táctica que incomoda a cualquiera, algo que no ha pasado desapercibido en Valdebebas. Sin hacer ruido, el Barça se ha instalado en la pelea y su buen momento funciona como un espejo incómodo para un Real Madrid que aún busca respuestas.

    Por GERARDO PADILLA HUITRON

    Periodista Depórtivo